Biografía

Buenas tardes a todos, mi nombre es Mercedes Macías. Me presento como canditata para un asiento en el consejo de la ciudad en noviembre aquí en mi hogar, de Chico. Espero que perdonen mi apariencia informal, como acabo de venir directamente de trabajo, desde el primero de los tres trabajos de medio turno que tengo.
También por favor, que estén pacientes con mi español. Español no es mi lengua materna y estaré hablando muy lentamente mientras leo esta declaración. Preparé esta declaración hace quince minutos, con el poco español que yo sé, y hoy quiero leer a ustedes para compartir algunas cosas acerca de mi, y para construir un puente entre yo como chicana y los inmigrantes mexicanos, gente indígena de los américas, y la comunidad mexicana-americana, y cualquiera otra comunidad hispanohablante que este escuchando a mi declaración.

Toda mi vida me he encontrado con un sinnúmero de personas que han demostrado un enorme valor todos los días, en venir a un país extranjero, y hacer todo posible para hablar un idioma extranjero. Al leer esta declaración hoy en español para la comunidad latina y los televidentes de Telemundo, espero que puedan aceptar mi vulnerabilidad como admito ser una ciudadana mexicana-americana, que no habla español con fluidez.

Nací en Chula Vista, cerca de San Diego, de papás mexicanos. Mi mamá era una segunda generación nativa mexicana americano con raíces de la tribu Tohono Odom de Arizona. Mi padre era un ciudadano de los Estados Unidos nacido en México, de piel clara y de patrimonio español y francés, que no hablaba una palabra de Inglés cuando vino a este país a los 16 años. Él trabajaba muy duro para aprender Inglés a pesar de que ni siquiera había terminado la primaria en México coma y se burlaban de él por su acento latino cuando llegó a los Estados Unidos. Se esforzaba y esforzaba, hasta que finalmente logró deshacerse de cualquier rastro de un acento mexicano.

Debido a la discriminación que él y mi mamá se enfrentaban durante sus adolescencias, tanto como en sus vidas adultas y su matrimonio, mi papá decidió que sería mejor no enseñar a sus hijos hablar español. También, él quería que tuvieramos nombres estadounidenses. Mi madre se resistió, por lo que a los cuatro de nosotros nos dieron nombres “étnicos”.

A la edad de 3, mi familia se mudó al pueblo de “Paradise”. Cuando asistía a la Escuela Católica en Paradise, no tenía idea de que yo era mexicana-americana. Que yo era diferente. Mi familia era una de las pocas familias latinas en toda la escuela. Desde mi punto de vista, cuando yo miraba a todos, los veía iguales, niños y niñas, blanco y negro, asiáticos y latínos, erámos todos iguales para mi. Yo no sabía que era un insulto racial hasta que cumplí 12 años de edad, y un chico de otra escuela me llamó un Beaner. Con esa palabra, mi vida cambió para siempre. En ese momento, no sabía lo que significaba. Aún así, me hizo llorar porque sentí el odio en la palabra. Cuando llegué a casa después de escuela ese día, le pregunté a mi mamá qué era un Beaner?

Ella me contestó con silencio y tristeza en sus ojos. Ella me acercó y me abrazó. Lloramos juntos. A pesar de que, yo no hablaba español, y nunca había visitado a México, y no entendía por qué era chistoso que mi familia comía arroz y frijoles, lo comíamos mucho porque éramos muy pobres, a pesar de todo eso, yo todavía fui identificado y marcado como diferente.

En mis 26 años de vida, he tenido momentos en que he luchado con mi propia historia étnica y mi herencia. Pero ahora, como una mujer adulta, he llegado a entender lo importante que es preservar mi cultura y volver a conectar con mis raices para poder transmitirlo a mis hijos.

Por eso, estoy hablando hoy, con mi mal español, y con la esperanza que me van a escuchar y saber que no están solos. Con la educación, la comprensión y paciencia, podemos construir un puente entre las comunidades de habla inglesa y las de habla hispana.

La ideología racista y excluyente, es ignorante y anticuado. Si nosotros, como seres humanos, vamos a sobrevivir y tener éxito, tenemos que ver unos a otros como hermanos y hermanas y aprender a compartir la misma tierra, el mismo aire, el mismo suelo, y la misma agua.

Estamos todos juntos en esto. El tipo de racismo que está gritado por aquellos que quieren construir un muro de odio entre nosotros, no se sostendrán.

Es el momento de extender la mano y unir nuestros brazos, y convertirnos en una fuerza poderosa para el cambio positivo en conjunto. A pesar de que yo no hablo español, a pesar de que nunca he estado en México, el idioma nunca será un obstaculo que nos separe, porque tú y yo, y todos nosotros somos partes vitales de nuestra comunidad humana. Mi corazón y mi alma son uno con ustedes.

Quiero agradecer a todos por escuchar a este mensaje. Quiero compartir con ustedes desde mi corazón. Mi nombre es Mercedes Macías, y me presento como candidata para el consejo de la ciudad de Chico en noviembre. Si cuentas con los requisitos para votar, por favor vota. Juntos, somos fuertes. Podemos cambiar el mundo para lo mejor. La vida no debe de ser puro sufrimiento, debe de ser la alegría y la fuerza también. Gracias.